El Viejo Topo 23 de Diciembre de 2009
    El historiador Ferrán Gallego publicó un libro, Barcelona, mayo de 1937 (Debate), que cuestiona o matiza las versiones mas difundidas de lo que ocurrió en Cataluña, singularmente en Barcelona, del 3 al 7 de mayo de 1937. Con la publicación de este libro se abre de nuevo un debate sobre un tema que, a pesar de los setenta años transcurridos, sigue despertando pasiones sin que acaben de cerrarse las heridas (políticas) que se produjeron en aquellos acontecimientos.


- Como es sabido, el detonante de los hechos de mayo fue la toma de la Telefónica por los guardias de asalto. ¿Por qué deci dió el Gobierno de la Generalitat arrebatar a la CNT, que se había hecho propietaria de esa compañía, el control de las comunicaciones telefónicas?

- Como bien has dicho, se trató del "detonante", en una si tuación de crisis de las relaciones entre las fuerzas que cons tituían el Consell de la Generalitat --es decir, la ERC, CNT, la FAI, la UdR, la UGT y el PSUC-- al que se sumaría el POUM, expulsado del gobierno en diciembre de 1936. La toma de la Telefónica, sin embargo, tiene un valor real y simbólico al mismo tiempo, porque implica hacerse con el centro de comunicaciones mas importante que existía y porque impli caba un eslabón en una cadena funcional del debate de fondo: las relaciones entre el poder institucional y el poder de base de las distintas fuerzas sindicales y políticas. La dis puta por el control de la Telefónica es un ejemplo claro de esta disputa por el poder o los poderes que esta en el origen de los conflictos desde el verano de 1936. Un debate sobre control social de cada organización más relevante que lo que ha ido llegando hasta nosotros simplificado en términos de revolución y contrarrevolución.

- Pero la CNT estaba en el Gobierno, y no sólo en el de Cata luña, sino también en el de España. ¿Hemos de en tender que hubo por parte del resto de los partidos del Frente Popular o del Consell de la Generalitat un intento de desalojar del poder a los anarquistas?

-Es posible que algunos sectores pudieran considerarlo así (y no me refiero a partidos enteros, sino a tendencias den tro de los mismos). Creo, con todo, que lo que explica mejor las cosas es que la CNT, sin rival en el movimiento obrero catalán antes de la guerra -a diferencia de lo que ocurre en el resto del territorio republicano- desea mantener una ambigüedad calculada sobre la configuración del poder po lítico. No puede imponer el proyecto libertario, pero sí de sea mantener ámbitos de independencia de gestión que se refieren, fundamentalmente, al control del Orden Público y al de algunas actividades económicas. Cuando se produce la consolidación de las instituciones y se precisa una cierta disciplina, que por lo menos vincule a quienes están en el gobierno como la propia CNT, ésta se resiste a abandonar esta versión difusa del poder. No es casualidad que la crisis gubernamental en Cataluña se produzca, el mes anterior a la crisis de mayo, como resultado de la aprobación de los decretos de orden público, que unificaban el mando y lo ponían en manos de sectores próximos al Conseller Aigua der, de ERC. El PSUC, en este conflicto, se orientaba clara mente al reforzamiento de las instituciones, algo que le lle vara a confluir con ERC aunque sin desear romper con la CNT. El PSUC sólo se había planteado la exclusión del POUM de la política catalana.

- ¿Por qué el PSUC quería excluir al POUM? ¿Por qué este últi mo partido fue expulsado del gobierno?

- La respuesta canonizada por una historiografía vinculada a la izquierda socialista y al trotskismo ha dado por sentado que se trataba de una respuesta a las presiones de la Internacional Comunista en una campaña contra el trotskismo que se inicia ría con el primero de los grandes procesos contra esta corrien te, a comienzos de 1937. Las cosas son algo más complejas. Es indudable que para los "socialistas unificados", el POUM apa rece como un adversario política a batir, no como una fuerza con la que negociar, pero no únicamente como resultado de las presiones externas, sino por una dinámica de competencia de espacios en el interior de Cataluña que ya ha dividido a los marxistas en periodos anteriores. Tras la unificación de seis organizaciones de esta tendencia en el PSUC y el POUM en 1935-36, esta competencia pudo bipolarizarse con mas como didad. Sin embargo, el POUM pudo ser expulsado del gobierno con el acuerdo de la CNT y de ERC --de otro modo habría resul tado imposible--, como resultado de las críticas que este parti do lanzaba no sólo contra el Frente Popular, sino incluso con tra los pactos firmados por la FAI, el PSUC, la CNT y la UGT en octubre de 1936. La expulsión fue, por tanto, un as unto de todas las fuerzas significativas en Cataluña y, según creo, un error táctico importante. El POUM no habría llegado a plan tear una oposición tan radical al régimen --y no sólo al gobier no-- si se le hubiera aceptado como hasta entonces.

- ¿Podrías resumir brevemente la postura de las distintas for maciones políticas y sindicatos, amén de la reacción del gobier no de España, al producirse la insurrección de mayo tras la toma de la Telefónica? ¿Creyó el POUM que podía derribar al gobierno de la Generalitat y conseguir que los insurrectos toma ran el poder?

- Lo que podría indicarse, en primer lugar, es lo distintas que eran las posiciones de quienes levantan barricadas en las calles barcelonesas el3 de mayo de 1937. Sectores con las Juventudes Libertarias, el POUM o Los Amigos de Durruti podían plante arse una sublevación contra el gobierno y la Iógica de sus alianzas sociopolíticas: es decir, contra el conjunto de los gru pos obreros y republicanos. Quien definió de forma mas clara las cosas fue el POUM, que consideraba que la lucha contra el fascismo no podía desvincularse de la revolución socialista y, por tanto, había de pasar por la ruptura con las organizaciones que representaban a la burguesía. El POUM siempre expresó muy claramente que el antifascismo era una excusa para no hacer la revolución, que era históricamente adecuada y políti camente posible. Por ello, proponía la alianza entre su partido leninista y las organizaciones libertarias en un Frente Obrero Revolucionario. Sin embargo, la misma CNT que combatió en las calles de Barcelona no lo hizo con estos objetivos, sino para tratar de mantener las condiciones de poder adquiridas por el sindicato y evitar el deslizamiento del régimen hacia una acen tuación de la disciplina, la homogeneidad gubernamental y la unidad del poder. Creo que las cuestiones socio-económicas tuvieron mucha menos relevancia que este aspecto. Lógi camente, entre el POUM y la CNT-FAI podía haber una unidad táctica inmediata, pero graves discrepancias estratégicas que permitieron, por ejemplo, que los negociadores de la CNT prescindieran tanta de las presiones del POUM para tomar el poder como de la representación de este partido en las nego ciaciones con el Consell de la Generalitat. La respuesta de los dirigentes de la CNT a escala española fue la de acudir a calmar el conflicto para tratar de negociar el mantenimiento de las condiciones existentes antes del asalto a la Telefónica. Sin embargo, por parte de socialistas, comunistas y republicanos, la insurrección fue contemplada como la prueba de la imposi bilidad de seguir confiando en la capacidad de control de la CNT sobre su militancia y, por tanta, permitió abrir paso a nue vos gobiernos en Valencia y en Barcelona, que liquidaran la dirección de Largo Caballero en el ejecutivo central y la pre sencia de la CNT en ambos gobiernos. De igual forma, la insurrección se contempló, en especial por la prensa del PCE, como un movimiento que no iba dirigido contra el gobierno, sino contra el Frente Popular y el régimen republicano en su conjunto, lo que permitió establecer el mito de la colabo ración entre el "trotskisme", los "incontrolados" y "la quinta columna".

- Un mito que, además de atentar gravemente a la verdad, po nía en el mismo saco a gentes que no siempre se llevaban bien. ¿Qué unía y que separaba a trotskistas, poumistas y cenetistas?

- Obviamente, tratar a la izquierda que no fuera partidaria del Frente Popular de ser filofascista o quintacolumnista es, como ya he dicho hasta la saciedad, una ignominia. La verdad es que me gustaría escuchar apreciaciones similares del mundo líber tario, poumista o trotskista, cuando se acusa a los socialistas o comunistas españoles de ser simples agentes de Moscú. Para ir al meollo de la cuestión, lo que cabe destacar es la diferencia entre la CNT y cualquier versión del marxismo, sea poumista, trotskista, socialista o del PSUC. La CNT se plantea el comunis mo libertario como objetivo, pero no será capaz de pasar a esa opción cuando se derrota al fascismo en Barcelona en julio de 1936. Por ello, decidirá aceptar el mantenimiento de las insti tuciones y la aceptación por éstas del poder alcanzado por el movimiento libertario. Tras la disolución del Comité de Mi licias Antifascistas, la CNT aceptara la constitución del Consell de la Generalitat, formar parte del mismo y, además, acabara entrando en el gobierno central republicano. La tesis de mu chos libertarios que han escrito sobre el tema es la existencia de una crisis de identidad de la CNT en unas condiciones iné ditas: disponer del poder en la calle y no poder hacer la revo lución anarquista. Sin embargo, creo que puede matizarse. Lo que se produce es, mas bien, el deseo de hacer ambas co sas. Lo que quiere la CNT es ajustarse a una correlación de fuerzas en la que no puede desdeñar la existencia de ERC, UGT Y PSUC, pero deseando sostener las zonas de poder ya obteni das, en el ámbito del Orden Público o en la administración de la producción y los servicios. Lo importante es lo que no hay en la CNT. Y lo que no hay es una oposición al régimen republica no, sino una participación en el mismo en estas condiciones de poder difuso.

- ¿Y en cuanto al POUM?

- En esto, la posición de la CNT no tenía nada que ver con la del POUM. A veces se olvida que el POUM es un partido bol chevique, leninista. No concibe mas revolución que la toma del poder por la clase obrera y la ruptura de la República burguesa y el Frente Popular. Pero va mas allá, y no lo digo yo sino los editoriales de La Batalla, el órgano del POUM: la formación de un frente unido con la FAI y la CNT, considerando que los "reformistas" --el PSOE, el PSUC, la UGT--, son enemigos de clase. La CNT, en Solidaridad Obrera, solicitará la formación de un gobierno CNT-UGT tras los hechos de mayo, lo cual signifi ca no contar con el POUM, sino con la otra organización de masas existente en Cataluña y en el resto de España. Los trots kistas de aquel momento, agrupados en un pequeño grupo bolchevique-leninista y el propio Trotsky acusaran al POUM de ser un partido centrista, porque no han aceptado la unificación de la Izquierda Comunista de Nin con el Bloque Obrero y Campesino de Maurín. Y en 1937, un dirigente como Munis habrá de denunciar la incompetencia del POUM, que le impi de hacerse con la vanguardia del movimiento y tomar el poder superando la República y el Frente Popular.

- ¿Significa eso que el PSUC no era un partido leninista, dado que el PSUC no deseaba la ruptura del Frente Popular? ¿No es taba por la toma del poder por parte de la clase obrera?

- Naturalmente, el PSUC era un partido leninista. Pero he querido subrayar el carácter de partido leninista del POUM por la tendencia a confundirlo con una organización de iz quierda socialista y apartarlo del espacio comunista. Aclarado este punto, nada secundario, lo que hay entre estos dos partidos --como ha ocurrido con el Bloque Obrero y Campe sino antes-- es una discrepancia acerca de la URSS y la III In ternacional, cuyos carácter y estrategia son juzgados crítica mente por el POUM, al contrario de lo que sucede con el PSUC. El PSUC es un partido peculiar, porque nace de un proceso de unificación obrera y socialista que comenzó a raíz de la ofensiva fascista en España desde 1934-1935 y que se realizó tras el esta1lido de la guerra civil. Siendo un parti do de unificación entre socialistas y comunistas --su propio secretario general procedía de la Unió Socialista de Cata lunya, muy moderada--, fue adquiriendo una posición mas radical y se convirtió en sección catalana de la Internacional Comunista. El PSUC --contra lo que dice la historiografía vinculada al POUM sin dar pruebas documentales, mas bien los especialistas han descubierto lo contrario-- es un partido obrera en su composición, de clase en sus objetivos. Lo que ocurre es que la aparición del fascismo provoca una revisión estratégica que implica la necesidad de fijar la hegemonía de los trabajadores en un frente más amplio. Convendría re comendar las lecturas de los discursos de José Díaz, secreta rio general del PCE, cuando plantea en 1935 la idea de un Bloque Popular Antifascista que se vertebre a través de las Alianzas Obreras, y al que se sumen los grupos antifascistas de sectores populares. Lo que se defiende tras el estallido de la guerra y la correlación de fuerzas que ésta crea es, como es obvio, la defensa de una República contra la que se ha levan tado el fascismo, pero que modificara su naturaleza, por la potencia adquirida por las organizaciones obreras y las transformaciones realizadas en el curso de la guerra, que se considera revolucionaria. El PSUC, podríamos decir, es un partido comunista con una estrategia de Frente Popular. Otra cosa será, como planteo en mi libro, la desviación gu bernamentalista que el proyecto de democracia popular revolucionaria podrá crear a partir de mediados de 1937, cuan­do la guerra empieza a perderse con claridad.

- ¿A qué te refieres exactamente al hablar de desviación guber namentalista?

- El Partido Comunista defendió la idea de Frente Popular An tifascista como una estrategia que, a diferencia de lo proclama do por el PSOE y por Izquierda Republicana, no fuera simple mente un pacto electoral, sino un bloque cuya hegemonía debía corresponder a la clase más numerosa y cuya función histórica estuviera vinculada a la continuidad con la insurrec ción de 1934. Cuando se produjo la derrota del fascismo en lugares cruciales, los comunistas --que eran aún una fuerza minoritaria-- aceptaron que la dirección política del proceso estuviera en manos de los republicanos y, más tarde, en el ámbito español, de los socialistas. Sin embargo, no renunciaron a las conquistas revolucionarias que ya se habían dado, y que fueron institucionalizadas con decretos como el de sindi­cación obligatoria o el de colectivizaciones. Creo, con todo, que a medida que la guerra empezó a ser desfavorable, en especial tras la pérdida del Norte, cuando la ayuda soviética comenzó a decrecer en la segunda mitad de 1937, al no poder competir técnicamente con el material alemán, se planteó básicamente ganar la guerra. Es decir, que hubo un desequilibrio en la ecua ción guerra y revolución o, para decirlo en unos términos que superen este viejo debate, el PSUC --como el resto de las fuer zas republicanas y socialistas-- empezó a considerar que los cambios debían realizarse desde el gobierno, creyendo que la imposición del orden exigía prescindir de las iniciativas de base, algo que es falso. Creo, además, que esta tendencia a con siderar la gubernamentalización de la acción del partido como el objetivo a buscar, en esa lucha por el poder, es lo que acaba ría provocando, incluso en la derrota del fascismo internacio nal, una tendencia a considerar que el área de acción de la izquierda revolucionaria debía priorizar las tareas de gobierno, ya fuera dentro de él o aspirando a regresar al mismo, tras la ex pulsión de los Partidos Comunistas de los gobiernos de Italia, Francia, Bélgica y Luxemburgo en 1947. Pero no creo que se trate de frenar la revolución económica --que estaba, en buena medida, realizada en los límites de lo aceptable por el Frente Popular--, sino de cómo lo que podía haber sido un doble espa cio de acción pasa a ser, progresivamente, sólo uno.

- Volvamos a mayo del 37. Algunos historiadores han calificado la actuación de los comunistas de contrarrevolucionaria, y han vista la larga mano de Stalin detrás de la represión durante y después de la insurrección.
- Naturalmente, volver a mayo de 1937 significa haber estable cido previamente cuáles son los análisis de las correlaciones de fuerzas, las estrategias y el carácter de cada una de las fuerzas en presencia. Sin ellas, lo que ocurre entre el 3 y el 7 de mayo carece de inteligibilidad, de la misma forma que no se com prende la actuación de los partidos antes de mayo y después del inicio de la guerra y lo que sucederá tras el fracaso del levanta miento contra el gobierno. Creo que hemos podido establecer que, con esta perspectiva, las motivaciones que llevan a la CNT-FAI Y al POUM a participar en un movimiento contra el Consell de la Generalitat son distintas. Hemos podido estable cer que las causas del movimiento no residen en la interven ción de la Telefónica por las fuerzas de Orden Público --una expresión mas adecuada que la de un as alto a mano s del PSUC, considerando que la orden procede del Conseller de ERC res ponsable y, probablemente, del propio Companys--, no se refie ren a una defensa de la revolución proletaria contra la reacción burguesa o estalinista. Por parte de la CNT, protagonista inicial del movimiento, se trataba de defender un ámbito de poder concreto en el mismo momento en que estaba discutiéndose qué hacer con los decreto s de Orden Público que perjudicaban el margen de control social ejercido por los libertarios. Sólo por parte del POUM y de las Juventudes Libertarias ese acto de resistencia pudo convertirse en una primera fase desde la que poder asaltar el poder y establecer un gobierno de alianza entre libertarios y poumistas, estrategia que la dirección de la CNT FAI se negó a aceptar. El análisis de los acontecimientos reali­zado por la dirección del POUM después de aquella semana distribuye las responsabilidades entre la dirección de la CNT FAI Y la del "reformismo" del PSUC. Si uno Iee los editoriales de Mundo Obrero o Treball de aquellos días pueden verse las acu saciones dirigidas contra los encontrados y el "trotskismo", Sin embargo, cuando vemos lo que dice El Socialista o La Hu manitat, las condenas a la sublevación son similares, califican do de facciosos a sus inductores. No quiero ni podría negar que los mecanismos de poder dependientes de Stalin utilizaran la ocasión para descargar la represión sobre el POUM. Pero no ha podido demostrarse que los sucesos de mayo del 37 se prepa raran por el estalinismo para poder hacerlo. Por el contrario, los documentos hallados por Ángel Viñas muestran la sorpresa de los dirigentes españoles ante el levantamiento. Creo que, por otro lado, debe considerarse un contexto sin el que no entendemos el problema. Y es lo que era la URSS y la figura de Stalin para los trabajadores y antifascistas españoles en 1937, algo que nos resulta difícil de comprender en el 2007, pero que nos llevaría a un anacronismo si lo obviáramos. El mito de la URSS tenía la potencia suficiente como para penetrar incluso en sectores del socialismo y del republicanismo español y, sin duda, su posición en la guerra civil y la presencia de las Brigadas Internacionales había ayudado a incrementarlo. Una fuerza política cuya identidad se encontrara precisamente en la crítica al régimen imperante en la URSS, a su política inter na y a la de la III Internacional podía encontrarse fácilmente aislada en el campo de la izquierda antifascista. Una cosa es el asesinato de Nin, que --según la hipótesis de Hellen Graham, que comparto aunque no estemos de acuerdo en la interpreta ción de los hechos de mayo, se debió mucho mas a la fase soviética de la biografía de Nin que a la actuación del POUM-- y otra el proceso abierto contra una fuerza que se había suble vado contra el régimen republicano en plena guerra civil, afir mando que deseaba su destrucción. En la represión del POUM, en la que hubo un proceso público, participaron fuerzas muy alejadas ideológicamente de los comunistas.

- Ya que has citado el asesinato de Nin efectuado por orden de Stalin, hablemos de otros asesinatos, éstos sí directamente liga dos a los hechos de mayo, como los de Camillo Berneri y Fran cesco Barbieri.

- Creo que, al analizar los hechos de mayo debemos considerar dos elementos sin los que los hechos son una mera crónica de muertes anunciadas, inevitables, sin contexto de estrategias políticas y correlación de fuerzas alguno. Por un lado, se en cuentra la necesidad de contrastar las posiciones políticas de cada fuerza con una claridad que ha sido ofuscada por la vio lencia y los crímenes. Decir, por ejemplo, que el POUM y la CNT no están en las mismas posiciones, y que el POUM no sólo esta contra el Frente Popular, sino contra el régimen republicano, de cuya gestión no forma parte. Establecer cuál es la estrategia opuesta de socialistas, comunistas y republicanos. El antago nismo política que fue incapaz de crear un espacio de convi vencia antifascista es el drama. La tragedia fue la liquidación física del adversario como resultado de una consideración polí tica, que era la eliminación de las estrategias distintas a la pro pia. En este sentido, la muerte de los dos dirigentes anarquistas de los que hablas --cuya atribución aún no esta clara del todo, por cierto, porque debería considerarse la intervención de los servicios secretos de Mussolini-- es el resultado de lo que podía haber sido la muerte de Federica Montseny a mano s de secto res anarquistas radicales o lo que fue el asesinato de Antoni Sesé, secretaria general de la UGT, a manos de francotiradores de la FAI, cuando iba a tomar posesión de su cargo de conseller. Sin olvidar los importantes sucesos de La Fatarella, con enfren tamientos entre pequeños propietarios rurales y sectores liber tarios, con muertos en ambos lados. Es decir, que la oleada de crímenes políticos, que no son un mero accidente de desorden callejero, es la prueba del nivel de confrontación al que se había llegado, pero que procedía de asesinatos políticos anteriores, como la muerte de Roldan Cortada a manos de la FAI en abril, de cuadros anarquistas en Puigcerdà y Bellver también en abril, el asesinato de Antonio López Raimundo en un control de ca rreteras a mano s de la FAI... De lo que hablamos es de una progresiva incapacidad de convivir políticamente que lleva, como una aterradora consecuencia, a construir el arquetipo del con­trarrevolucionario "objetivo", que puede ser eliminado física mente.

- ¿Cómo se cerró --si es que realmente se cerró-- la crisis? ¿La pa cificación fue, como se ha dicho, el triunfo de la contrarrevolu ción e incluso la pérdida de la autonomía de Cataluña?

- La crisis difícilmente podía "cerrarse", si por ella se entiende un acuerdo político de fondo. Esa divergencia de estrategias correspondía a formas tan distintas de entender el antifascis mo e incluso la democracia y el socialismo, que era complicado que así fuera. 10 que debía establecerse era un mínima común denominador, lo que había permitido luchar contra el fascismo hasta entonces en el mismo bando e incluso en el mismo gobierno. Lamentablemente, la confrontación que cul minó en mayo de 1937 había llegado tan lejos como para que la desconfianza fuera insalvable, empezando por la que podía tener el gobierno republicano central con respecto a la propia capacidad de la Generalitat para mantener, sin una guerra civil de retaguardia, la lucha contra Franco. La lucha acabó con una negociación entre los dirigentes de la CNT y la FAI y el resto de fuerzas políticas catalanas. Solidaridad Obrera llamó a un go bierno sindical y, en todo caso, al levantamiento de las barrica das, mientras el PSUC, ERC Y UGT hacían llamamientos simi lares a su militancia. Hubo, por tanta, un acuerdo en el que no participó directamente el POUM, cuya presencia no fue exigida por los libertarios, que podían haberlo hecho. Desde luego, un número considerable de la base cenetista no debió compren derlo, pero la dirección que se había decidido por la colabora ción y había recibido la confianza de la mayoría, sí. Por otro lado, el gobierno central, tras la caída de Largo Caballero, envió tropas que entraron en Barcelona gritando "UHP" (Uníos, her­manos proletarios; o Uníos, Hijos del proletariado), algo que demostraba que los sucesos de Cataluña se habían producido en el marco de la guerra civil española, algo que los cuadros del POUM, prácticamente inexistentes fuera de Cataluña, no dese aron tener en cuenta en sus cálculos estratégicos, porque per dían cualquier capacidad de negociación e incluso de unidad revolucionaria con la CNT. Cataluña no fue invadida. Formaba parte de la República española, y las atribuciones en materia de Defensa y Orden Público habían sido obtenidas como resultado de la disolución del ejército en julio de 1936 y por la dispersión del poder estatal. Por otro lado, quienes habían combatido con tra el POUM y la CNT en las jornadas de mayo eran también catalanes, del PSUC y de la UGT. Y ERC tuvo que contemplar como un efecto de aquel desafío a la República el proceso de centralización de poderes que siguió a los hechos. Desde el punto de vista nacionalista o independentista, podía conside rarse que Cataluña perdía poder, pero no creo que ese punto de vista fuera el que estaba en las barricadas, ni en la militancia del PSUC-UGT ni en la del POUM, la CNT o la FAI, muy poco pro clives a estos planteamientos. Finalmente, creo que no se inició la contrarrevolución --si hilamos tan fino, deberíamos colocar ese final en la reconstrucción de las instituciones en el verano de 1936, algo en lo que participan el POUM y la CNT--, sino que se mantienen las conquistas realizadas en un marco distinto, en el que la primacía de la guerra viene determinada por la aproxi­mación del frente a Cataluña y el empeoramiento de las condi ciones bélicas en la segunda mitad del año.

Miguel Riera

(El Viejo Topo, 233 / Juny 2007)

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